Quisiera empezar esta columna con unas preguntas a ustedes, estimados lectores. ¿Les gustaría tener un trabajo donde les garantizaran una estabilidad laboral tal que, aún cuando lo hiciesen mal y se negasen a ser evaluados, mantuvieran sus puestos? ¿Donde, además, tuviesen remuneraciones superiores al promedio del mercado y con beneficios adicionales no menores tanto para ustedes como sus familias? ¿Y donde se viesen respaldados, ante cualquier situación anómala, por una organización que dice velar por vuestros intereses? Sólo habría una condición...ver restringido el derecho a huelga en aras de no interrumpir la importante labor a desempeñar para bien de la población.
Si las respuestas son afirmativas...entonces pueden dedicarse a ser empleados fiscales en Chile o, también, trabajar en otras profesiones bajo la tutela del Estado, como Profesor, Médico, Enfermera u otro profesional de la salud. No sólo se dan de modo afirmativo las preguntas antes señaladas, sino que se dan el lujo de saltarse las restricciones de los respectivos Estatutos funcionarios y paralizan sus actividades perjudicando gravemente, con ello, a cientos de miles de personas.
Vale la pena aclarar que no me considero una persona anti-sindical...la defensa de los derechos de los trabajadores ha sido una batalla de siglos en la Historia de la Humanidad y hay miles de mártires por esa causa, en cada rincón del Mundo. Y apoyo el Derecho a Huelga cuando un período de negociaciones legalmente regulado fracasa y las partes en disputa no quieren ceder...pero la diferencia con los empleos antes señalados es que prestan un valioso servicio a la comunidad del cual no puede prescindirse así como así.
Lo visto en las últimas semanas en Chile es, sencillamente, deplorable...niños que se quedan sin alimentación en el sistema escolar, clases suspendidas por semanas, mala preparación de los alumnos, consultas médicas que se postergan una y otra vez (con períodos de espera que abarcan meses), nula obtención de documentos con las consiguientes consecuencias que abarcan muchos ámbitos de la vida nacional (comercio exterior, viajes, sanciones para pequeñas empresas, etc.).
Los responsables son las directivas de las respectivas asociaciones sindicales que promueven estas huelgas absurdas pidiendo muy por sobre lo que puede y debe ofrecer un Gobierno responsable y preocupado de velar por el correcto uso de los recursos del Erario Nacional...y como no les cumplen sus peticiones pasadas de revoluciones, convocan a huelgas que son ilegales bajo todo punto de vista y, una vez que vuelven a sus actividades, ni siquiera les son descontados los días de ausencia de sus obligaciones. ¡Si hasta tienen la desfachatez de pedir bono por término de conflicto, un conflicto que ellos provocaron!
Acuso en esta columna al Presidente de la Asociación Nacional de Empleados Fiscales (ANEF), Raúl de la Puente; al ex-Presidente de la Confederación de Funcionarios de la Salud Municipalizada (CONFUSAM) y actual candidato a Diputado, Esteban Maturana; y al Presidente del Colegio de Profesores, Jaime Gajardo, de ser unos irresponsables a quienes poco y nada les importa el servicio público del cual tanto se florean y, en cambio, sólo buscan seguir aumentando sus prebendas y beneficios sin hacer nada por aumentar la calidad de su servicio, de perfeccionarse...en vez de ello, culpan una y otra vez al Estado, al Gobierno, al libremercado o a lo que venga en vez de asumir sus propias flaquezas profesionales.
Es une pena que esta clase de personajes, con su oratoria fácil aprendida en instancias políticas, retengan las voluntades de muchos de sus asociados que tienen temor de manifestar disensos ante el accionar de "grupos de choque" que las directivas de las asociaciones antes mencionadas tienen entre los afiliados para que, así, la adhesión a la huelga sea mayor no por convencimiento, sino que por miedo. Y la gente responsable que quiere trabajar por amor a su empleo es despreciada por sus colegas más sindicalizados, con represalias sutiles pero que nunca terminan.
Mientras tanto, el común de las personas tenemos que estar pendientes de no cometer un solo error en nuestros empleos porque, al no tener la protección excesiva de la que gozan los funcionarios públicos, corremos el riesgo de ser despedidos y no importando si es justa o no esa resolución. Y no podemos estar tranquilos en la medida de que un amigo no puede obtener el certificado de antecedentes que le piden para postular a un trabajo modesto o que un familiar de edad vea postergada por tercera vez en un año su atención en un consultorio comunal o que aquel niño, en vez de recibir conocimiento, se quede viendo TV todo el día en casa...porque hay huelga de empleados públicos.
Sólo espero que, de una vez por todas, se pierda el miedo a dirigentes que se preocupan más de una carrera política y de aparecer ante las cámaras de TV pavonéandose de ser "representantes de una amplia mayoría" que de hacer bien su trabajo e instar a sus colegas a que también lo hagan así. Si no les gustan las condiciones en la que desempeñan su labor (cuando lo hacen), la puerta está abierta para que se vayan...de seguro se quedarán los con real vocación de servir a la comunidad y, si faltan puestos por cubrir, de seguro más de alguien será enseñado e instruido en ello para que, al cabo de un tiempo, se tenga personal comprometido con su empleo.
Por ahora dejo esta columna hasta acá...pero no será todo, ya que en unos días más volveré con una de las consecuencias que esta actitud desidiosa y despectiva de uno de los dirigentes mencionados (Jaime Gajardo) ha provocado en el normal desempeño de un país y, para peor, en la conducta responsable de quienes se dicen los representantes del pueblo. Hasta entonces, espero que se encuentren muy bien y les invito, como siempre, a debatir y compartir sus opiniones respecto de lo escrito. Saludos afectuosos y hasta muy pronto.

